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Sobre nosotr@s

como nace Filoparchar

Filoparchar nace en enero de 2022 en Bogotá con el propósito de fomentar el cuestionamiento y la conversación en torno  problemáticas cotidianas, existenciales, universales, sociales, políticas y éticas, empleando el método filosófico de la pregunta.

Se inscribe en la senda trazada hace más de 40 años por el movimiento de prácticas filosóficas y la filosofía aplicada. Como ellos, estoy convencida de que la filosofía no consiste únicamente en adquirir conocimiento científico o en conocer la historia de los filósofos, sino en desplegar un conjunto de herramientas que nos permiten observar el mundo de manera crítica.

El proyecto surge de una urgencia: la de sensibilizar sobre la importancia del diálogo y de la comunicación no violenta. Mi sueño es crear una comunidad de amigos, amigas y amigues de la filosofía.

Hasta el momento he organizado aproximadamente 300 eventos de prácticas filosóficas en distintos sectores de Bogotá y también en modalidad virtual. Entre estos filoparches se encuentran: Café filo, Vino filosófico, Pola filosófica, Caminata filosófica, Picnic filosófico, Cinesofía, Taller de yoga filosófico, Speed date filosófico, Filosofía a todo color y Drink and think.

por qué la dragoncita

Este peluche rojo que ves aquí como logo me ha acompañado desde el inicio y se llama la dragoncita filosófica. Es nuestro tótem de la palabra, es decir, lo utilizamos durante las conversaciones para establecer el turno de habla: quien la sostiene en la mano tiene el derecho de expresarse.

La dragoncita nos recuerda las características esenciales para que un diálogo funcione: respeto mutuo, escucha activa, paciencia y la disciplina —personal y colectiva— necesaria para construir comunidad. Me encanta la idea de transformar la palabra en algo suave y atractivo: un objeto ligero que se pueda lanzar y que simboliza cómo la palabra, siendo un signo de autoridad y respeto, debe circular libremente, porque no es un privilegio exclusivo de unos pocos.

Así, la dragoncita representa más que el simple derecho a hablar: es un recordatorio de la importancia de escuchar con atención e intención, y de la responsabilidad de comunicar de manera justa y considerada. En esencia, es un símbolo poderoso de la democracia participativa y del profundo respeto por la palabra y la opinión de cada individuo dentro del colectivo.

Como dijo un querido filoparcero: somos una dragoncracia.

por qué Filoparchar?

La principal razón tiene que ver con algo personal. Durante mis años de doctorado fui desarrollando una inconformidad hacia la academia y su manera de concebir la filosofía: como una disciplina aburrida, inaccesible, encerrada en un lenguaje tecnicista y, sobre todo, distante de la vida de las personas.

Esa inconformidad me ha llevado, desde hace 15 años, a dedicarme a las prácticas filosóficas y, en particular, a repensar la filosofía como lo hacían los antiguos griegos: un ejercicio cotidiano para aprender a vivir mejor. La filosofía académica tiene una deuda histórica con la sociedad: haber confinado la reflexión filosófica en las aulas, relegándola a un grupo reducido de especialistas.

Motivada por la idea de cambiar la mala reputación de la filosofía —como algo erudito, abstracto e incomprensible— y convencida de que, en realidad, la filosofía sirve para pensar mejor, relacionarnos mejor, dialogar mejor y, en definitiva, vivir mejor, surge Filoparchar.

La intención es llevar la filosofía a la calle, al espacio público, donde realmente pertenece. No se trata solo de repetir la frase simplista “todos podemos filosofar” o “todos somos filósofos en potencia”, sino de reconocer que la filosofía es una necesidad transversal y una urgencia vital: la de resignificar el encuentro, la palabra y el sentido de estar juntos.

Filoparchar nace como respuesta a esa urgencia. Necesitamos encontrarnos, mirarnos a los ojos, sentir la presencia del otro y, sobre todo, interrogarnos, cuestionarnos y repensar nuestra realidad. Para esto sirve la filosofía. Pero, antes, tenemos que quitarle la solemnidad.

la misión de Filoparchar en una palabra: resignificar

1. Resignificar los espacios sociales

Resignificar lugares pensados para la socialización —como restaurantes, cafeterías o bares— que a menudo están diseñados más para consumir que para encontrarse (pienso en esos espacios donde la música es tan fuerte que vuelve imposible escucharse). El simple hábito de reunirse a pensar juntos, en tiempos de hiper individualismo neoliberal, puede parecer casi subversivo. Estar en un espacio donde se dialoga sin fines propagandísticos ni polarización partidista puede ser visto como sospechoso, amenazante o incluso peligroso.

2. Resignificar el concepto de socialización

Como dice Ester Charabati: “el café no es nunca un café, sino un pretexto para socializar”. Socializar de otro modo significa aprender una forma de responsabilidad hacia el desconocido sentado en la misma mesa. También significa aprender nuevas formas de relacionarnos con la otredad —algo particularmente valioso en el contexto de la típica desconfianza colombiana.

El Speed date filosófico juega precisamente con este reto: cada cinco minutos se conversa con alguien distinto para pensar juntos dilemas éticos. 

Alrededor del café, del vino o de la pola se genera un ritual de convivialidad en un ambiente seguro, sin presión por intervenir, sin juicios por lo que se dice (o lo que no se dice), sin evaluaciones. Un espacio donde la asimetría del conocimiento se diluye, porque —como dice David Sumiacher— qué triste cuando el saber aleja a la gente”, cuando por mencionar intelectuales que nadie conoce te ganas la antipatía de todos.

3. Resignificar el concepto de grupo

Y, en palabras de Charabati, de microsociedad. Hay una configuración permanente del grupo dado que su carácter de informalidad fomenta una increíble heterogeneidad: adultos o jóvenes adultos, sin determinación ni exigencia específica, con o sin formación académica, gente que pertenece diferentes contextos. Personas de orígenes distintos, de diferentes edades que, muchas veces, no tienen nada en común, pero que desarrollan un vínculo significativo a través de la experiencia compartida de la palabra.

¿Por qué esta gente dedica un miércoles en la noche a un café filosófico? Me lo pregunto siempre. Y siento que, como yo, comparten la necesidad y la urgencia de cuestionarse nuestra epoca y de salir de la burbuja del trabaja-produce-consume.

4. Resignificar el concepto de comunicación

¿Cómo comunicamos? ¿Entendemos realmente la diferencia entre hablar y comunicar? Muchas veces nos preocupamos más por sonar inteligentes que por la forma en que nuestras palabras llegan al otro.

Saber comunicar implica escuchar de verdad, ir más allá del egocentrismo de la propia postura, estar dispuesto a reformular, a admitir errores, a leer el ambiente, a dejarse llevar por el flujo del diálogo. Es una comunicación antiestratégica, siguiendo la ética del discurso de Habermas: un discurso antipragmático que no “sirve para nada” en el sentido utilitarista de la comunicación técnico-racional del capitalismo.

La eficacia no se mide por resultados ni por información transferida, sino por la comprensión mutua. La mayoría de las veces no llegamos a conclusiones ni soluciones: salimos más confundidos, con la cabeza llena de preguntas. Y esa es justamente la acción comunicativa en términos de Habermas.

Saber comunicar significa establecer un acuerdos previos, unas reglas del juego, y comprometerse a respectarlas: todos buscan respectar el turno de palabra, todos hará lo posible para ser claros, nadie miente, todos admiten errores, todos argumentan con rectitud. Así se construye una comunicación no violenta, respetuosa, empática y tolerante.
Quizás quienes asisten lo hacen porque buscan justamente esto: más comunicación, menos información.

5. Resignificar el saber y el conocimiento

Necesitamos repensar la distribución del conocimiento que, como mostró Foucault, nunca es neutral, sino que se articula en relaciones de poder. Se trata de liberar la circulación de los saberes.

Como dice Santos Guerra (1993): “Más que especialistas en un campo, los nuevos tiempos requieren personas capaces de integrar conocimientos, de tomar una postura problematizadora frente a los múltiples saberes que circulan en la sociedad, de preguntarse colectivamente por la naturaleza del saber, sus modos de transmisión y uso”.

Hay que reconocer que no poseemos un saber exclusivo.
¿Por qué no vienen filósofos a estos espacios? Por esnobismo. Por la creencia de que la filosofía “se hace” únicamente en la academia, con un tiempo, un lugar y una forma determinados.

6. Resignificar el concepto de política

Filoparchar tiene una finalidad intrínsecamente política. Política entendida en doble sentido:

  • Por un lado, desde la polis griega, como participación ciudadana y construcción de lo común.

  • Por otro, desde el pólemos de Heráclito: el conflicto como motor de transformación.

Retomando a Habermas, esta visión dialógica es profundamente democrática porque fomenta la comprensión mutua y construye espacios donde prima la cooperación sobre la imposición, y valores como la convivencia, la cohesión y la inclusión.

Reivindicar el pólemos puede sonar arriesgado en Colombia, pero rescata algo valioso: el conflicto no es solo destrucción, también es creación. Es el padre de todas las cosas, decía Heráclito.
Aplicado a la filosofía práctica: las tensiones entre ideas no son un problema, sino el signo de un cambio en proceso.

El conflicto no debe ocultarse bajo la alfombra, sino reconocerse como parte natural de la vida colectiva.
¡Menos mal que no estamos de acuerdo! 

De lo contrario viviríamos en un régimen de pensamiento único.

la visión de Filoparchar

Filoparchar quiere:

  • Compartir conocimiento y generar contenidos que conecten con la vida cotidiana, interactuando con la comunidad a través de Instagram y TikTok.

  • Tejer una comunidad abierta, diversa y cercana.

  • Hacer filosofía en la ágora virtual, donde todos puedan participar y dialogar.

  • Crear experiencias dialógicas e interactivas que inviten a pensar juntos nuestro presente, nuestra realidad.

  • Educar en el arte de la pregunta, más que en la acumulación de respuestas.

  • Fomentar una comunicación libre de odio y de violencia, basada en el respeto y la escucha.

  • Sacar la filosofía de la academia para devolverla a la calle, el lugar que de verdad le pertenece

  • Mostrar que la filosofía sí sirve para vivir, porque ilumina el día a día y transforma nuestra forma de estar en el mundo.

​cómo trabajamos en Filoparchar

Desacelerar: Antes de opinar, pensar

Preguntar mejor: Cambiar “¿tengo razón?” por “¿qué pienso lo que pienso?”

Respetar quien está conmigo: nadie posee la verdad, estamos investigando

Escuchar con justicia: Reconocer la fuerza del argumento del otro antes de responder.

Aguantar la incomodidad: comprometerse a no juzgar, a superar la frustración (de tener que esperar el turno, de no tener la razón, de no hacer monólogos, de no pavonearse) 

Arriesgar una hipótesis: Pensar es exponerse con razones, no refugiarse en consignas.

Evitar conclusiones:Volver a la rutina con la cabeza llena de preguntas, inquiet@s, sacudid@s, diferentes

Activar un dialogo interno: ejercer el autocontrol, la autodisciplina.

Auto cuidarse y cuidar el otro, el desconocido, el filo-parcero.

Por qué hacer parte de esta comunidad de amig@s de la filosofia? ​

Porque necesitamos lugares donde pensar junt@s mirándonos a los ojos .

En La Pola/Vino o café filosófico el dialogo es un puente capaz de crear vínculos - aqui experimentamos literalmente filos-sofia - la amistad hacia el saber; en Cinesofía desmontamos imágenes para que no nos dominen; en la Caminata Filosófica se experimenta que significa pensar con los pies; en el Yoga Filosófico respiramos conceptos; en el Speed Date Filosófico probamos que el encuentro con lo desconocido puede ser hospitalario.

Si te quedas no tendrás ninguna respuesta, ningun alivio, ninguna terapia.

Tendrás más preguntas y la rutina - amistosa - de pensar junt@s.

Si algo de esto te inquieta o te entusiasma, estás en el lugar correcto. 

nuestro equipo

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